domingo, 27 de mayo de 2007

UNA VIDA ORDINARIA

UNA VIDA ORDINARIA



Estoy en Lima por el cumpleaños de mi madre. Mama ha organizado lo que los limeños llamamos “un lonchecito”. Es su primer cumpleaños desde que murio mi padre. No puedo dejar de asistir. Mi hermana me ha escrito que hace poco llego a casa de mama y la encontro en la cama que solia ser de mi padre, llorando. Dormian en cuartos separados desde que yo era un niño, pero ahora lo extraña y se mete en su cama.
Llego tarde a casa de mama. Me saluda con un abrazo intenso y delicado.
Cumple sesenta y siete años. No lo parece, gracias a Dios, al polen y a la uña de gato que toma religiosamente cada mañana ( porque todo lo que ella hace posee una cierta cualidad o fervor religioso). Es muy delgada, tiene el cabello pintado de negro ( como el presidente de la republica, que es su amigo telefonico) y esta siempre despierta, sonriente, llena de vitalidad y buen humor. Es, sin duda, una mujer admirable, que ha sorteado los escollos mas tremendos sin perder la inocencia en la mirada y que se ha entregado sin reservas, apasionadamente, a amar, educar y sostener a su familia: a su esposo, a quien supo acompañar hasta el final, a pesar de todo; a sus padres que ya murieron, a quienes cuido con una devocion y un cariño conmovedor; y a sus hijos, dos mujeres y tres hombres que han sido y siguen siendo la razon de su vida, o la sinrazon en mi caso, el segundo de sus hijos.
Sentados alrededor de una mesa llena de dulces pecaminosos ( la unica forma de pecado que se celebra en casa de mi madre), algunos de mis hermanos me hacen reir con sus ocurrencias y picardias. Esta mi hermana, que ha organizado el lonchecito y tiene una memoria privilegiada para recordar las historias mas divertidas de nuestra infancia. Esta el ingeniero, un hombre bueno, discreto, generoso, con un gran sentido del humor.
Esta el empresario, que es el animador de las reuniones, rapido y afilado para la ironia, la broma atrevida y el comentario jugueton, gran contador de anecdotas, un hermano leal y entrañable, que nunca me pidio ni critico nada. Esta James Bond, impecable, un dandy, fumando un habano en la terraza, tomando vino, disfrutando de sus exitos inesperados, porque cuando era niño solia ser un dolor de cabeza para mama, que lo llevaba a psiquiatras, llenaba de pastillas, cambiaba de colegios y mandaba a Canada con la esperanza de reformarlo, y ahora es tal vez el hijo que mas la cuida y engrie. Esta el viajero incansable, a punto de ser padre, que no se fatiga de subirse a aviones y recorrer el mundo, sobre todo el Lejano Oriente, en busca de mercancías, y que cada madrugada, dondequiera que se halle, sale a correr con el vigor y la obstinación de un profesional curtido en las mas exigentes maratones y que ha sabido salir ileso de una trampa insidiosa del destino, la de que su cara y la mia sean bastante parecidas, según lo que opinan quienes a menudo lo abruman preguntandole si es mi hermano porque con esa cara no podria no serlo. Esta el arquitecto, hombre bueno si los hay, sereno observador de la vida, amante de los placeres refinados, gran conversador ( y mejor si es en frente al mar), escritor paciente y precoz sabio consejero y confidente.
Y esta el abogado, quiza el mas inteligente de todos, la promesa politica de la familia, con una novia adorable, una brillante carrera academica y un futuro prometedor, todo lo que yo quise ser y no pude, porque habia un mandato genetico que cumplir.
Mientras comemos, bebemos y nos reimos alrededor de la mesa familiar, en ese mismo salon o comedor donde hace pocos meses se velo el cuerpo exánime de mi padre, no puedo dejar de sentir su presencia y advertir algo que recien ahora, ya tarde, me resulta evidente: que la vida de un hombre que, a pesar de ciertas aflicciones que padecio desde niño, dejo a una esposa que todavía lo llora en su cama y sus hijos que lo recuerdan con amor, FUE TODO MENOS ORDINARIA.


CARUZZOEDU